Lo que aprendí al enseñar español en Alemania: cuatro pequeñas lecciones de aula y de vida

Imagen: creación propia con IA (DALL·E de ChatGPT)

Cuando empecé a enseñar español, pensé que los retos estarían en la gramática y las metodologías. Pero pronto descubrí que enseñar ELE en otro país es mucho más: implica traducir culturas, escuchar silencios y acompañar emociones.
El aula alemana me ha dejado cuatro  pequeñas lecciones que no aparecen en los manuales y que han moldeado mi forma de enseñar. Aquí resumo algunas de ellas:

-Aprender a enseñar a través del silencio

Al principio me sorprendía el silencio de muchos grupos alemanes. Las respuestas tardaban, las pausas eran largas. Con los meses entendí que ese silencio no significaba falta de interés, sino otra manera de procesar. Aprendí a esperar, a no interrumpir y a respetar el ritmo del grupo. Como señalan Ushioda y Dörnyei (2021), cada contexto activa procesos motivacionales distintos.

-La comunicación intercultural empieza en el aula

Cada clase es un pequeño experimento intercultural. Mis estudiantes me enseñan precisión, planificación y estructura; yo les aporto emoción, flexibilidad y espontaneidad. La interculturalidad no se aprende en abstracto: se vive. Y esta idea engrana con el enfoque de competencia intercultural de Byram (1997). Se manifiesta en detalles cotidianos: los saludos con beso, el famoso “te invito” —que no significa lo mismo en todos los países— o el uso  y que también forman parte de enseñar cultura.

-La motivación nace de metas pequeñas

Muchos llegan al español como tercera lengua, con dudas o miedo. Por eso celebramos juntos los pasos pequeños: una presentación sin leer, un correo bien escrito, una frase improvisada. La motivación crece cuando los progresos se sienten alcanzables y están acompañados emocionalmente (Carreras-Rodríguez & Rabasco, 2016).

-Ser docente también es volver a ser aprendiz

Aprender alemán me devolvió al lugar del principiante: confusión, errores, inseguridad. Esa vulnerabilidad me hizo más empática. La competencia comunicativa florece cuando hay espacio para equivocarse (Iglesias Casal, 2003), y las emociones influyen directamente en cómo aprendemos (Immordino-Yang & Damasio, 2007).

Estas experiencias, acumuladas día tras día, me recuerdan que la docencia es un camino que se aprende andando. 

 

Bibliografía 

Byram, M. (1997). Teaching and Assessing Intercultural Communicative Competence. Multilingual Matters. https://archive.org/details/teachingassessin0000byra

Carreras-Rodríguez, A. C., & Rabasco, C. (2016). La retroalimentación oral afectiva en el aula de ELE:Instituto Cervantes. https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/publicaciones_centros/PDF/

nicosia_2016/02_carreras-rodriguez.pdf

Iglesias-Casal, I. (2003). Construyendo la competencia intercultural: Sobre creencias, conocimientos y destrezas. Carabela, 54, 5–28. https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/carabela/pdf/54/54_005.pdf

Immordino-Yang, M. H., & Damasio, A. (2007). We feel, therefore we learn: The relevance of affective and social neuroscience to education. Mind, Brain, and Education, 1(1), 3–10. https://doi.org/10.1111/j.1751-228X.2007.00004.x

Ushioda, E., & Dörnyei, Z. (2021). Teaching and Researching Motivation (3rd ed.). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781351006743

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